domingo, 8 de julio de 2012

Memorias de érase una vez una enfermera....

han pasado 28 años desde que escribí ésto, deseo publicarlo tal cual, porque era la historia de antes mezclada con la historia de ahora, de la nostalgia, era

vOTRO AÑO QUE EMPIEZA ENERO 28 DE 1984

Martes, he llegado al hospital, volverán mis colegas que habían sido trasladadas. Mis pacientes, Fabio, el muchacho  parapléjico está muchísimo mejor, le han donado una silla de ruedas, dentro de 14 días le realizarán una última intervención  quirúrgica, un colgajo, ahora sus ojos son distintos, soñadores, su voz llena de optimismo, la mata de primavera  que se encuentra sobre su mesa de noche, está florecida, viva, entonces él vivirá
Luego hemos tenido reunión con el director provisional, ya que el antiguo director, el señor de los ojos azules, murió en un accidente automovilístico cuando venía de un “cierre de  tejado” de otro  hospital, al chocarse su auto contra un buseta, al parecer venía un poco pasado de copas
El director provisional  fue profesor  nuestro en la universidad, habla, sonríe, escucha, se le ve optimista, de pronto iluso y hasta soñador, pero está vivo por dentro y por fuera, escuchó lo mismo que todos, se aterró, se extrañó, dijo “increíble” “terrible” “que barbaridad” “ bueno”
Como hechos curiosos, mis vacaciones fueron interrumpidas a escasas 16 horas de mi reintegro, pues fui citada para volverme a posesionar en mi nuevo cargo: fui trasladada al  mismo hospital, con el mismo salario y con el mismo cargo, que raro, habían unas 40 personas en el despacho de nuestro jefe máximo, habían, médico, enfermeras, auxiliares de enfermería, personas de estadística y de oficios varios; en el instante mismo en que esperábamos se abriera la puerta por la que debía salir la máxima autoridad, se fue la luz y todo quedó en la penumbra, entonces salió un señor alto, fornido, vestido de azul, medio mono y por su aire de superioridad supe que era nuestro jefe máximo, se rasco el cuello, se desperezó llevándose las  manos a la cara, y ví que tenía una argolla y 2 anillos en oro, luego alzó sus ojos azules y dijo  “ que había algunos ascensos de acuerdo a la lealtad con la institución” también dijo  “ que no permitiría ningún brote revolucionario” amenazó con despido a quien se atreviera a pensar, luego llamò a cada uno de nosotros por su nombre, a lo que todos contestaban  “ si doctor, si doptor, si dotor, si señor, si doktor” luego juramos ante Dios y la patria y abandonamos el recinto

ENERO 30 DE 1984
Estoy de turno, es sábado, he descubierto 3 injertos, es una labor pesada, de paciencia, de tacto en tus manos, de precisión,, cuando descubrí  el injerto de nuestro tercer paciente, una señora de 74 años, revela 55, sus vendajes sangrados, fuertemente adheridos, a medida  que descubro  se esparce un olor fétido y entonces puedo ver un tejido necrosado, desvitalizado, llamo a los médicos de urgencias, son rurales, muestran  cara de sorpresa mezclada de impotencia, me mandan llamar al cirujano plástico para valoración urgente, entonces he tenido que revisar el directorio telefónico, llamar al tas, hacer infinidad de llamadas  para poder comunicarme con el cirujano
Luego me llaman de urgencias, aun señor se le cayo una caneca de neme hirviendo en todo el cuerpo, todos , hasta las del aseo están con gasas empapadas en gasolina limpiándolo, el piso nada en gasolina, alguien entra con un cigarrillo, miradas  furiosas, y él sale, pero que suerte la de éste hombre , Dios existe, solo se quemó   un pedacito del dorso de una mano y al lado del codo, increíble, era una caneca completa hirviente de neme






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